jue 26a. Ordinario año impar (Id=657)

Primera Lectura

Esdras abrió el libro de la ley, bendijo al Señor y todos respondieron: ¡Amén!

Lectura del libro de Nehemías
8, 1-4. 5-6. 8-12

En aquellos días, todo el pueblo, como si fuera un solo hombre, se reunió en la plaza que está ante la puerta del Agua y pidió a Esdras, el sacerdote y escriba, que trajera el libro de la ley de Moisés que el Señor había prescrito a Israel. Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley ante la asamblea formada por hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón.
Era el día primero del mes séptimo y Esdras leyó desde el amanecer hasta el mediodía en la plaza que está frente a la puerta del Agua, en presencia de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley.
Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera, levantado para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista del pueblo, pues estaba en un sitio más alto que todos, y, cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo entonces al Señor, el gran Dios y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: "¡Amén!" e, inclinándose, adoraron al Señor. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicaban el sentido, de suerte que el pueblo comprendía la lectura. Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras el sacerdote y escriba y los levitas que instruían a la gente, dijeron a todo el pueblo:
"Este es un día consagrado al Señor, nuestro Dios: no estén ustedes tristes ni lloren (porque todos lloraban al escuchar las palabras de la ley). Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. ¡No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza!".
Y los levitas consolaban al pueblo diciéndole:
"No lloren ni estén tristes, ya que éste es un día santo".
Y el pueblo entero se fue a comer y a beber. Mandó comida a los que no tenían nada e hizo grandes festejos, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del Salmo 18

Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Iustitiae, Domini rectae, laetificantes corda

La ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma; inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Iustitiae, Domini rectae, laetificantes corda

En los mandamientos del Señor hay rectitud y alegría para el corazón; son luz los preceptos del Señor para alumbrar el camino.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Iustitiae, Domini rectae, laetificantes corda

La voluntad de Dios es santa y para siempre estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Iustitiae, Domini rectae, laetificantes corda

Más deseables que el oro y las piedras preciosas son las normas del Señor, y más dulces que la miel de un panal que gotea.
Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Iustitiae, Domini rectae, laetificantes corda

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor; arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
Appropinquávit regnum Dei, paenitémini et crédite Evangélio.
Aleluya.

Evangelio

Su deseo de paz se cumplirá

†Lectura del santo Evangelio según san Lucas
10, 1-12

Gloria a ti Señor.

En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos los y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo:
"La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío como corderos en medios de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero:
"Paz a esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos nuestra paz; si no, volverá a ustedes. Coman y beban de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No anden cambiando de casa. Si entran en un pueblo y los reciben bien, coman lo que les pongan, curen a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de nosotros el Reino de Dios". Cuando entren en un pueblo y no les reciban, salgan a la plaza y digan: "Hasta el polvo de su pueblo, que se nos ha pagado a los pies, no los sacudimos sobre ustedes. De todos modos, salgan que está cerca el Reino de Dios". Les digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

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